Glaciares en crisis: proteger el corazón hídrico de Chile es proteger la vida.
Imagina un Chile sin sus glaciares: los ríos que abastecen nuestras ciudades se reducen a un hilo, la agricultura colapsa y millones de personas enfrentan una crisis hídrica sin precedentes. Es una realidad que, en ciertas zonas de país se avecina, si no decidimos, ahora, cuidar lo que aún resiste. Esta posibilidad, sin embargo, más que una fantasía, es una amenaza real si no actuamos para retrasar ese momento. Los glaciares, esos colosos de hielo que sostienen el 70% del agua dulce del planeta, están retrocediendo a un ritmo alarmante.
Este 2025, declarado por la ONU como el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares, es un umbral, para reflexionar y hacer una pausa para observar lo que estamos enfrentando y preguntarnos: ¿cómo podemos usar nuestro conocimiento para proteger estas reservas esenciales para la vida? ¿Qué nuevos acuerdos, decisiones de política pública y acciones podemos implementar?
La iniciativa de conservación de los glaciares, impulsada por Tayikistán y respaldada por la UNESCO y la Organización Meteorológica Mundial, busca generar conciencia global sobre los glaciares como pilares del equilibrio climático y el abastecimiento de agua. El 21 de marzo, Día Mundial de los Glaciares, marcó el inicio de actividades globales y colectivas, desde foros científicos hasta intervenciones artísticas.
Glaciar Bernal, parte del Campo de Hielo Sur, región de Magallanes. Créditos David Cossio
En Chile, este día adquirió un significado especial: la ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas, firmó un decreto en el Centro Cultural La Moneda para oficializar el 21 de marzo como el Día Nacional de los Glaciares. Más de 250 personas, entre autoridades, académicos y ciudadanos, se reunieron para celebrar este hito organizado por Fundación Plantae y Fundación Glaciares Chilenos, con el apoyo de Fundación Arte Precario, con el objetivo de visibilizarlos y ponerlos en valor y en el debate público. El evento combinó ciencia, arte y educación, con un panel de expertos que incluyó al glaciólogo Alexis Segovia, la artista Cecilia Vicuña, Bárbara Hernández, nadadora de aguas gélidas, el escritor e historiador Marc Turel y el senador Alfonso de Urresti, y una exhibición de arte inspirada en los paisajes glaciares, curada por Carolina Castro.
El arte y la cultura, sin duda, juegan un rol crucial. En el Museo Nacional de Bellas Artes y en el marco de la primera conmemoración del día nacional de los glaciares, la performance “Sacro Hielo” de Cecilia Vicuña transformó el hall central en un espacio de conexión con la naturaleza. Su quipu, un nudo y tejido simbólico que conecta información y sentimientos, unió a los asistentes en un rito que resaltó la sacralidad del agua y la memoria. La iniciativa de la Universidad Católica de Chile “Imaginarios Glaciares” con proyectos como “Sonido Glaciar” y una imponente fotografía del Campo de Hielo Norte del fotógrafo Pablo Valenzuela Vaillant, acercaron a la ciudadanía a los glaciares desde una perspectiva sociocultural y sensorial.
Acto civico del Día de los Glaciares en Centro Cultural La Moneda. Créditos Mariana Canobra
Performance Sacro Hielo de Cecilia Vicuña en Museo Nacional de Bellas Artes. Créditos Mariana Canobra
Taller Fragmentos glaciares de Fundación Plantae en Museo Nacional de Bellas Artes. Créditos Mariana Canobra
Chile es un protagonista clave en este escenario.
Según el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), Chile alberga el 80% de los glaciares de Sudamérica y el 4% del mundo, lo que lo convierte en una de las mayores reservas de agua dulce del planeta. Este patrimonio natural, articulado por más de 26.000 glaciares, no solo define nuestra geografía, desde Arica a Magallanes, sino que también son la base de nuestra seguridad hídrica y alimentaria. En años de sequía, aportan hasta el 90% del agua en los meses de verano en algunas cuencas del norte y centro de Chile.
Hoy los glaciares están en retirada y la crisis climática es sin duda su principal amenaza. El Olivares Alfa, en la Región metropolitana, perdió un 66% de su área entre el 1955 y 2018. En la Patagonia, los campos de hielo estarían adelgazando en promedio un metro por año, según un estudio de 2019. Esta pérdida no solo reduce el agua disponible, es también una pérdida en el equilibrio ecológico y climático, un aumento en el nivel del mar, un riesgo como los vaciamientos repentinos de los lagos glaciares (GLOF), lo que puede causar inundaciones catastróficas, entre otros múltiples efectos.
Frente a este panorama, y con la mejora en las tecnologías, la ciencia cuenta con contundente información. En chile, tanto la Dirección General de Agua (DGA), como el Instituto Antártico Chileno (INACH), el Centro de Estudios Científicos (CECs), el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), otros centros de investigación y universidades han monitoreado y estudiado por décadas numerosos sistemas glaciares. Es de esperar, aunque la evidencia no lo confirma, que esta información esté siendo puesta a disposición y utilizada por el estado y los tomadores de decisión para diseñar políticas públicas de planificación y gestión territorial, así como de riesgo, conservación y seguridad hídrica adecuada al urgente escenario actual. Estas herramientas no solo son técnicas; son un puente hacia la acción colectiva, permitiendo a gobiernos, empresas y comunidades tomar decisiones informadas. La glaciología debe, en ese sentido, estar a disposición del bien común, pues tiene una responsabilidad social.
Pero no basta con conmovernos y plantear la urgencia. Chile aún carece de una legislación robusta que los proteja como reservas estratégicas de agua y como ecosistemas frágiles. La Ley N°21.435, que declara los glaciares como bien público y genera obligación en su monitoreo, deja importantes vacíos frente a amenazas e impactos que pudieran afectarlos por actividades económicas e industriales y frente al calentamiento global. En el norte y centro del país, donde pocos glaciares están en áreas protegidas, la vulnerabilidad es extrema.
Bárbara Hernández, nadadora de aguas gélidas en el glaciar Leones, parte del Campo de Hielo Norte, región de Aysén. Créditos Ulises Yañez
Como dijo Bárbara Hernández en la actividad de conmemoración: “quienes interactúan con la naturaleza tienen la responsabilidad de visibilizar su fragilidad”. Sus nados en glaciares patagónicos, enfrentando temperaturas de 0.5°C, no son solo proezas deportivas, sino actos de conciencia, un testimonio de compromiso con estos ecosistemas.
Por eso el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares es un llamado a la acción, a educar y a legislar. A sumar desde la ciencia hasta las comunidades. A hacer de la conservación y del cuidado una forma de habitar el mundo, porque cada fragmento de hielo que se derrite es también un pedazo de futuro que se va.
El agua, los glaciares y la vida están conectados y su futuro depende hoy de nosotros y nuestras capacidades de protegerlos. El momento de actuar es ahora.
Reportaje publicado en la revista Patagon Journal edición nº30
