Riqueza e importancia hídrica del (futuro) Parque Río Colorado-Olivares en Santiago

La cuenca del río Maipo alberga algunas de las mayores reservas de agua dulce de la Región Metropolitana, entre ellas el río Maipo que abastece el 70% de la demanda actual de agua potable de la capital. Es precisamente en este lugar que se encuentra el predio fiscal Colorado-Olivares de 142.000 hectáreas, ubicado a 70 km de Santiago. El mismo que la campaña #QueremosParque busca convertir en el primer parque nacional de la RM. ¿Cuál es la importancia de proteger una zona como ésta? Tiene relación con las amenazas que hoy enfrentan nuestros glaciares en esta cuenca, que deben enfrentar no sólo los crecientes efectos del cambio climático, sino que también la intervención e impactos de industrias como las mineras y centrales hidroeléctricas. En esta columna Carolina Ruiz y Camilo Hornauer de Fundación Plantae nos dan un detallado repaso de la riqueza que se esconde en esta sección de los Andes centrales y la oportunidad que tenemos de protegerla. 


La gran cuenca del río Maipo, nutre de agua los valles de la Región Metropolitana (RM) gracias a la generosidad de sus montañas andinas. Con una extensión de cerca de 130 km, la cordillera de los Andes en la RM, alberga sorprendentes cumbres de más de 6.000 metros de altura, entre las que destaca el imponente volcán Tupungato (6.570 msnm) y grandes glaciares, como el Juncal Sur (2.143 ha), ambos alojados en el predio fiscal Colorado-Olivares de 142.000 hectáreas ubicado a 70 km de Santiago, en el Cajón del Maipo –el mismo que la campaña #QueremosParque busca convertir en el primer parque nacional de la RM–.

Predio fiscal Colorado-Olivares. Campaña Queremos Parque

Esta cuenca, con una superficie de más de 1,5 millones de hectáreas, posee en sus cabeceras cerca de 36.500 hectáreas de glaciares que abastecen de agua dulce –junto al aporte pluvial– a la población, los ecosistemas y las actividades económicas, agrícolas, energéticas e industriales de gran parte de la zona central del país. Solo el río Maipo atiende alrededor del 70% de la demanda actual de agua potable y cerca de un 90% de las demandas de regadío de toda la Región Metropolitana.  Esto nos evidencia que sería casi imposible abastecer de agua potable a toda la comunidad Santiaguina –compuesta por 7 millones de habitantes–, y a toda la industria, si no existieran esos grandes casquetes de hielo refugiados en las cumbres de los Andes. Lo anterior, da cuenta del grado de dependencia hídrica que tiene la Región Metropolitana con los glaciares y de lo urgente que es protegerlos de amenazas como el cambio climático y las intervenciones humanas que los afectan y destruyen.

Cuenca del río Maipo. Elaboración de Fundación Plantae.

Del total de glaciares de la cuenca del río Maipo, más de 17.000 ha se encuentran dentro del predio fiscal Colorado-Olivares (casi el 50%), convirtiéndolo en la mayor reserva estratégica de agua dulce de propiedad pública de la región. Insertos allí destacan, además del glaciar Juncal Sur  –el más largo de la Región Metropolitana, con cerca de 10 kilómetros–, los imponentes glaciares Olivares Gama (1.215 ha), Azufre (919 ha), Olivares Beta (833 ha), Volcán Tupungatito (689 ha), Esmeralda (578 ha) y Olivares Alfa (514 ha). Estos glaciares, así como muchos otros a nivel mundial, han reducido aceleradamente su superficie en las últimas décadas. Entre los años 2003 y 2015 el glaciar Olivares Alfa sufrió un retroceso de 36 ha (Barcaza et al, 2017) y en las últimas 6 décadas redujo en un 63% su superficie total (Malmros et al, 2016). En tanto, el glaciar Juncal Sur vivió un retroceso frontal de 210 ha y un cambio de área de 280 ha entre los años 1955 y 1997 (Rivera et al 2002).

Imágenes comparativas del retroceso del glaciar Olivares. Elaboración a partir de Foto del DAV (1950) y Google Earth (2019)

Registros visuales de montañistas también dan cuenta de esta disminución. En 1935, Sebastián Kruckel, al ascender el cerro Risopatrón, percibió que los glaciares Olivares Alfa, Beta y Gama se encontraban unidos (registros fotográficos DAV, 1935 y Lliboutry, 1956). Actualmente estos glaciares se registran independientes y están en franco retroceso, separación y adelgazamiento (Rivera et al, 2002).

Imágenes comparativas del retroceso del glaciar Juncal Sur. Elaboración a partir de Foto del DAV (1950) y Google Earth (2019)

Es un hecho a nivel mundial que el calentamiento global provocado por el cambio climático, amenaza la persistencia de los glaciares en el planeta y con ello la disponibilidad futura de agua dulce. No ajenos a esto, los Andes centrales experimentan un desalentador escenario de escasez de precipitaciones –se estima en 50 años unos 55 mm menos en Santiago–, que generarán menores caudales pluviales, acompañado de isotermas 0º mucho más altas, que se traducen en una menor cantidad de nieve caída en la alta montaña y una disminución del caudal nival. Esto implica que ríos que tienen mayor influencia nival en su régimen, se vean más afectados, como los ríos Yeso, Olivares, Volcán y Colorado. En definitiva, nos vemos enfrentados a un escenario de creciente estrechez hídrica, en que los aportes de glaciares, pasan a ocupar un lugar fundamental en su contribución a la escorrentía de los ríos, a lo largo de todo el ciclo anual. Este fenómeno ya se ha constatado científicamente: según Peña y Nazarala (1987), los glaciares de la cuenca del Maipo aportaron entre un 33% y un 67% del caudal del río en las sequía de los años 1968 y 1969 y de 1981 y 1982, respectivamente.

Según algunos científicos, de continuar las tasas de retroceso actuales, varios glaciares medianos –como el Echaurren–, y glaciares pequeños en el área del Maipo podrían desaparecer en el curso de 50 años. Si pensamos en el futuro, de 50 a 100 años, no podemos sino suponer o imaginar una situación muy vulnerable para toda la población de la capital y con serias repercusiones para todo el resto del país. Los expertos y nosotros mismos, vemos que se estará obligado a buscar nuevas estrategias de suministro y modelos de gestión, provocando, incluso, desplazamientos de población a gran escala desde la zona central de Chile. Ideas y proyectos actuales, como la recién presentada “Carretera Hídrica”, la cual consiste en realizar cinco tramos de canalización para transportar agua desde la Región del Biobío a Atacama (3.900 km), nos parecen soluciones descabelladas, irracionales, que no ven ni entienden la realidad, y solo responden objetivos económicos del empresariado agrícola.

Glaciares Olivares Beta (izquierda) y Olivares Gama (derecha). Fundación Plantae, 2017.

Por otra parte, el actual modelo de desarrollo del país basado en la industria extractiva –como la minería–, puede causar grandes e irreversibles impactos a los glaciares; los que una vez destruidos o agotados no se vuelven a recuperar. Según Brenning y Azócar (2010), se estima que, en 1997, la empresa Anglo American con su mina Los Bronces, afectó –e incluso se presume que removió– 20 ha de glaciar rocoso como consecuencia del crecimiento del rajo de la mina. Otras 20 ha fueron cubiertas por depósitos de lastre y 40 ha fueron afectadas por construcción de infraestructura –caminos–. Un total de 80 hectáreas de glaciares afectados que equivalen a entre 6 y 9 millones de m3 de agua. Conscientes y por sobretodo realistas de que en el futuro no podremos hidratarnos ni alimentarnos con el cobre que extrae la minería, es evidente la necesidad de transformar nuestra economía, racionalizar la explotación y apostar por negocios más sustentables. Ser elegidos por 4ta vez como “Mejor destino de turismo aventura del Mundo” por los World Travel Awards, con una escasa planificación e inversión pública en estos aspectos, nos habla del tremendo potencial natural que tenemos como país para desarrollar turismo de naturaleza y convertirlo en uno de los ejes centrales de nuestra economía.

Pero la cuenca no sólo debemos cuidarla en su nacimiento, también debemos hacerlo en los siguientes tramos o secciones. En este sentido, es fundamental poner atención y limitar los usos aguas abajo que puedan generar contaminación y alteración de sus caudales. La cuenca del Maipo cuenta con 10 centrales hidroeléctricas, y en el valle del Río Olivares y Colorado encontramos la central Los Maitenes del año 1923 y Alfalfal del año 1991, ambas de propiedad de AES Gener. Además, en todo el sector del Río Colorado y Olivares existen 43.800 ha de concesiones mineras para explotación y 45.416 ha para exploración –constituidas y en trámite–, que amenazan con invadir y afectar este preciado ecosistema.

Amenazas (mineras e hidroeléctricas) presentes y futuras predio fiscal Colorado-Olivares. ©Fundación Plantae

En 1996, 16.700 ha insertas dentro del área fiscal Colorado-Olivares, fueron vendidas por el Ejército a Cementos Biobío para hacer, en esa porción de valle cordillerano, un proyecto minero. Otorgados todos los permisos ambientales, el Estado dio luz verde para que desde el 2004, la empresa empezara a explotar Caliza en un rajo de 8,6 ha a pocos metros del río Colorado. Actualmente y transcurridos 15 años, la empresa se encuentra tramitando en el Servicio de Estudios de Impacto Ambiental (SEIA), mediante Declaración de Impacto Ambiental (DIA), la extensión de sus faenas hasta el 2030.

No parece lógico que un proyecto de tal magnitud e inserto en un área declarada como de preservación ecológica por el Plan Regulador de Santiago, Sitio Prioritario para la Conservación de la Biodiversidad, Zona de Interés Turístico y aledaña al Bien Nacional Protegido Río Olivares, ingrese a evaluación mediante una mera declaración, que no sólo carece de reconocimiento y mitigación de los impactos, sino que tampoco considera participación ciudadana obligatoria. Pareciera ser además que esta situación no sólo carece de lógica, sino que también estaría infringiendo la actual legislación vigente.

La ley 19.300 en su numeral 11 letra D exige a los proyectos mineros que ingresen a evaluación como Estudio de Impacto Ambiental cuando se encuentren localizados en o próximos a áreas protegidas y/o sitios prioritarios de conservación, tal como es el caso de la mina La Perla.  Frente a esta situación, esperamos que la institución ambiental evalúe en base a lo que dice la ley y que la ciudadanía exija con urgencia participación ciudadana. Actualmente el proyecto se encuentra en etapa de calificación hasta el 25 de julio 2019.

Minera Andina CODELCO bajo la cabecera el glaciar Olivares Beta. Fundación Plantae, 2013.

Por otra parte, es importante mencionar que el suministro de agua potable para Santiago, dependiente fuertemente de las subcuencas del Maipo, está también amenazado por otros proyectos. Por una parte, el proyecto Alto Maipo (subcuencas del río Colorado, Yeso y Volcán) busca atravesar montañas y acuíferos de recarga con tuberías que encausaran las aguas por 70 km hacia dos centrales hidroeléctricas de pasada, y, por otra parte, la mina Los Bronces de Angloamerican (subcuenca del Mapocho), pretende ampliar su actual explotación a rajo abierto al yacimiento Los Sulfatos que albergan más de 2.100 millones de toneladas de mineral que al extraerse se traducen en toneladas de relaves, residuos y emisiones. Sin duda, proyectos de tal envergadura afectan irremediablemente la calidad y cantidad de agua de y para la Región Metropolitana.

Un detalle no menor a mencionar es la labor previa que realizó Angloamerican para lograr proyectarse a ampliar su actual producción de cobre. Entre los años 2008 y 2011, la empresa construyó un túnel (Tunel Sur o Los Sulfatos) de 8 km de largo y 4,5 metros de diámetro, que cruza bajo el glaciar La Paloma y el Santuario Yerba Loca para encontrar el yacimiento Los Sulfatos (entrevista Camilo Rada, el Mostrador). Sin embargo, el túnel fue presentado para realizar labores de exploración eximiendo a la empresa de ingresar al SEIA, aunque a todas luces e incluso para quienes tienen una mínima consciencia de los impactos que algo así pueda causarle al medio ambiente, esto debió haber sido evaluado y aprobado/rechazado por la actual institución ambiental. 

Trekking predio fiscal Olivares, actualmente Bien Nacional Protegido. ©Ximena Salazar

Tanto la minería como las grandes centrales hidroeléctricas han dañado irreversiblemente paisajes y ecosistemas a lo largo y ancho de nuestro país con externalidades ambientales y sociales que son incalculables. Los cuerpos de aguas, sagrados y cargados de espiritualidad y valor ancestral, claman por prevalecer en un contexto en el que están vulnerables frente al avance del llamado “desarrollo” y la ambición desmesurada de unos pocos. Sin duda que nos encontramos en un punto crítico, en el que no sólo está en juego la integridad de los ecosistemas, sino que también, nuestra propia supervivencia. Frente a esto, es evidente que debemos tomar acciones concretas, oportunas e innovadoras que vayan en la línea de proteger elementos y ecosistemas que son vitales para hacer frente al cambio climático. En este contexto y ad-portas de la COP25, es que consideramos que la decisión más asertiva para el bienestar común que puede tomar el actual gobierno de Sebastián Piñera, es declarar el predio fiscal Colorado-Olivares, como el primer Parque Nacional de la Región Metropolitana y así dar cumplimiento además a la meta de llevar a estándares internacionales un parque nacional por región, anunciada en su programa de gobierno 2018-2022.

“Agradecemos al DAV por facilitarnos fotografías históricas y al geólogo Paulo Urrutia por sus diferentes aportes”.

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